Entrevistamos a Raketa Brokobitx, nuestra peculiar maître de Delizia. Cena espectáculo Madrid.

La referencia en cena espectáculo en Madrid se llama Delizia, una cena espectáculo en la que las acrobacias, el cabaret y el musical configuran un auténtico teatro circo. No es un restaurante espectáculo, ni un teatro… es la mejor cena espectáculo de Madrid y necesita una maître del máximo nivel, a la que da vida Raketa Brokobitx.

 

¿De dónde viene tu original nombre, Raketa Brokobitx?

El origen de mi nombre reside en que, antes de ser actriz, fui campeona olímpica de tenis jajaja.

Bueno, hablando en serio, Raketa viene de una revolución. Después de pasar el peor año de mi vida y ser rescatada por dos buenos amigos, especialmente por uno de ellos, pensé que el mejor regalo que podía hacerle era volver a actuar, una performance, pero necesitaba un nombre artístico.

Raketa venía de años anteriores por una amiga del norte, una máquina de la fotografía, Sonia Aoujil (Lason). Un buen día, después de un viaje, empezó a llamarme Raketa, no me preguntéis porqué pero parece que al resto de la cuadrilla le gustó y así empezaron a llamarme todos desde entonces.

Por otro lado, mi apellido, Brokobitx, viene de la película Erin Brockovich. Yo tuve que denunciar y demostrar que lo que me pasó era verdad, como Erin. Entonces fue como una revelación y pensé: “voy a ganar este juicio como Erin Brockovich”; y, así, decidí tomar su apellido, a modo revolucionario y performativo de por vida para celebrar el cumpleaños de uno de los hombres con más talento y más generosos que conozco. Resumiendo, fue algo así como el Asier Etxeandia present.

¿Con qué número disfrutas más?

Con el 3, si bebo agua son tres sorbos, si me como algo mastico tres veces, si miro algo fijamente cuento hasta tres…, estoy obsesionada con el número 3.

Y, en Delizia, por supuesto con el mío. Me encanta que la gente entre creyendo que soy la maître dura y recta para luego sorprenderles y hacerles “mearse de la risa”.

¿Cómo ha sido el paso de ser una maldita a convertirte en la maître de Delizia?

Fue un poco agridulce porque yo era supermaldita, llevaba aquí 300 años trabajando y, de repente, llegó la pareja de Miami Beach, que se hacen llamar Luka y Ery (nuestros directores artístico y de producción), que vinieron a hacer Delizia.

A priori, yo iba a estar en Delizia, así que era como ¡buah, qué pasada! ¡¡Voy a bailar!! Pero la historia dio un giro y me dijeron: “lo sentimos Raketa pero, no, no vas a estar en Delizia”. Yo en ese momento entré en colapso, exclamando: “¡QUÉ, QUÉ!, ¿¡PERO CÓMO ES POSIBLE!? ¡Si era mi oportunidad! El caso es que, después de odiarles, y decir ¿pero por qué no me quieren? Si soy supermaja, si soy una chica que hago un montón de cosas,…, lo meditaron y me dijeron, bueno, tranquila, encontraremos tu lugar.

En este marco, Isaac Forcada (director de Teatro Bodevil) me afirmó que estaría en la puerta, dando la bienvenida al público. En la puerta de “Miss Bienvenida” que a mí no me pega eso, vamos, ni con cola. O sea, yo creo que en el siglo XVII, en mis mejores tiempos, ni funcionaba como “la tía buena”.

Así que dije, no Isaac, no puedo estar yo en la puerta dando la gritis; o me asignáis un personaje o no me veo identificada para interpretar ese tipo de papel.

Y así surgió mi personaje. Isaac me comentó que había un papel de maître, que tenía muy buena pinta, y la verdad es que es un personaje que –como dice un buen amigo mío– “defiende tu sombrero por ridículo que te parezca”. Es decir, no hay personaje pequeño, porque esa pequeñita cosa, puede ser ¡la rehostia! Y, en Delizia, pasa eso con mi maître.

Terminé redondeando el personaje con Ery y Luka al más puro estilo clown y lo cierto es que me lo paso “que te cagas”.

¿Preparaste el papel de algún modo?

Sí, se puede decir que lo preparé a conciencia.

A la maître de Delizia le gusta darle al frasco como vía de escape a esa represión sexual-romántica aplastante que le persigue. Entonces, mi mente calenturienta, que le encanta investigar y documentarse, sobre todo on the rocks, in situ, decidió que debía agarrarme una borrachera tremenda el día del estreno para que quedase bien clarito mi increcendo por toda la sala.

Pero…fue tal “el pedo” que me agarré que aún tengo lagunas, me rompí un tacón, me tiré por encima de una mesa, casi mato a alguien, casi me mato yo…, fue toda una performance de la que solo guardo un grato recuerdo; bueno, casi ninguno jajajaja.

¿Cuál es tu plato favorito?

El postre, siempre el postre, y la sobremesa –como buena baska que soy–. Ah, y las hamburguesas, tengo debilidad por la carne roja poco hecha.

¿Qué es lo que más te gusta de tu personaje? ¿Qué tiene Raketa de la maître?

Pues lo que no tiene. Sí hay algo, quizás la parte final, que se puede parecer a mí. Sin embargo, la actitud inicial de la jefa de sala, el personaje, no se parece en nada a Raketa, y eso es “lo que más me pone”.

¿Qué esperas del público cuando pisas las tablas del Teatro Bodevil?

Que “se la gozen”, que se olviden de todo, que se rían y que disfruten sin parar. Y, lo más importante, ¡¡¡qué corran la voz para que sigamos dando guerra!!!

¿Te has ligado a algún comensal en directo?

Jajajajajajaja. Sí, a Jesucristo, a Michael Jackson y, a mi preferido on Fridays, Steven McQueen. A todos los que están muertos me los he ligado yo.

Y, por último, para cerrar la entrevista con buen sabor de boca, cuéntanos una anécdota graciosa que te haya ocurrido durante la función.

Érase una vez un eventazo en el que el cliente -de cuyo nombre no quiero acordarme- me hostigó a venir de negro elegante, a servir tragos sin darle importancia a mi gran poder creativo.

Después de pasar por mil fases, decidí darle la vuelta y recurrir a mis poderes brokobianos. Entonces me dije: ¡qué hostia Raketa!, “el hombre propone y dios dispone” (gran frase de Thomas Kempit), y me fui de convento en convento buscando un hábito de monja de clausura.

En esos días estaba de permiso en mi tierra y las buenas clarisas de Bilbao se ofrecieron a colaborar en la causa, confirmando que justo había muerto una de las hermanas, así alta como yo, y que igual me valdría su hábito.

Dicho y hecho, llegué y entré por la puerta de Teatro Bodevil vestida de monja de clausura, “de negro elegante”, a servir platos como el cliente quería. No se lo dije a nadie y se puede decir que fue toda una sorpresa y un regalo para muchos. Los compañeros, directores, empresarios y, como no, el cliente, fliparon.

Algunos ni si quiera me reconocían pensando, ¿¡qué hace una monja aquí!? Nadie especificó nada y esa fue la historia, el cliente no tuvo la imaginación de proponernos algo, somos artistas y…”me lo pusieron a huevo”.

La verdad, me la jugué, pero al final todos nos echamos unas buenas risas, bueno, casi todos, el cliente frente al voto de pobreza, por supuesto me vetó en el evento.

Y, bueno, esa es una de mis grandes anécdotas en Delizia, entre muchas otras.

 

Disfruta con Delizia de la referencia en cena espectáculo en Madrid y descubre todo lo que ha preparado nuestra maître para nuestros visitantes.